Un Pastel de Chocolate
Etiquetas: actitud, alegría, biblia, enseñanza, esperanza, felicidad, vida abundante |¿Qué información manejamos en la mente?
Etiquetas: actitud, crecimiento, Fé |
Se comenta de un hombre que vendía completos (hot dogs) al costado de la calle. No sabía leer, por lo cual no leía los diarios. No oía del todo bien por lo cual no escuchaba la radio. Simplemente se dedicaba a vender completos. Salía a ofrecerlos al costado de la calle. Su estructura de marketing era muy elemental: un cartel muy primitivo, sus gritos al costado de la ruta y sus ricos completos. Le iba muy bien. Pero un día volvió su hijo de la universidad; le habló de la crisis y la recesión, de cómo estaban los mercados, de que era una locura hacer pedidos como los que solía hacer el padre. Este hombre simple supuso que el hijo sabía más ya que venía de la universidad. ¿Qué hizo? Sus pedidos de pan y salchichas fueron más modestos, dejó de ofrecer sus completos en la calle, y sacó el cartel para economizar en luz (ya que ahora sí “sabía” que estaban en recesión). Por supuesto, el negocio se vino abajo. Claro, su hijo tenía razón...
¡NO! ¡El hijo no tenía razón! El hijo simplemente representaba la extrema racionalidad, la mirada en el problema y el espíritu anti-aventura y anti-fe.
¡Cuántas veces en medio de un problema o una crisis sólo nos detenemos a evaluar la magnitud del problema y nos convertimos en expertos a la hora de describir esa crisis! Pero esa mirada limitada sólo nos lleva a la queja, la impaciencia y a la parálisis.
Te animo a desarrollar una mirada totalmente distinta.
Primero: dale gracias siempre a Dios por todo. Recibí de parte de Él lo que te gusta y lo que no te gusta, lo bueno y lo no tan bueno. Si estás cerca de Él, todo terminará ayudando para tu bien.
Segundo: sé un buen alumno. Los problemas traen lecciones. Resolverlos bien con la ayuda de Dios te entrena para el futuro. Esa crisis muchas veces es la llave hacia algo mejor. En muchas crisis descubrimos recursos que Dios nos da que desconocíamos por completo (algún talento oculto, el amor de otras personas, el poder y el amor de Dios, etc.)
Tercero: desarrolla la dependencia de Dios. Él tiene que ser tu fortaleza. Deja de apoyarte en un trabajo, una relación, dinero o capacidades. Ten FE y camina hacia delante.
Amigo (a), desafíliate del club de expertos en diagnosticar problemas. Como dice una frase “LOS LÍMITES SON FÍSICOS, LAS LIMITACIONES SON MENTALES”. El éxito y el fracaso se inician en tu mente. Ve más allá de lo obvio. Resumiendo: sé siempre agradecido a Dios, aprende en medio de los problemas y ten fe en Él que “algo” sabe sobre la resolución de problemas.
Esto también pasará
Etiquetas: actitud, autoridad, enseñanza |
Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:
- Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.
Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total...
Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.
El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:
-No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje –el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero no lo leas –le dijo- manténlo escondido en el anillo. Abrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación-
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino...
De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso:
Simplemente decía “ESTO TAMBIEN PASARA”.
Mientras leía “esto también pasará” sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.
El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.
El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:
-Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
-¿Qué quieres decir? –preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.
-Escucha –dijo el anciano-: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado.
Entonces el anciano le dijo:
-Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.
¡Que tenga un muy buen día!
Etiquetas: actitud, fe, felicidad |
Un día me encontraba en la fila de una tienda de provisiones detrás de un hombre que estaba pagando su compra. Cuando terminó, el empleado lo despidió diciendo alegremente: “¡Qué tenga muy buen día!”
Para sorpresa del empleado (y mía también), el hombre explotó en ira: “Éste es uno de los peores días de mi vida –gritó–. ¿Cómo voy a tener muy buen día?” Y con eso salió de la tienda estallando en cólera.
Comprendo la frustración de ese hombre; yo también he tenido días “malos” sobre los cuales no tengo control. ¿Cómo puedo tener muy buen día –me pregunto– cuando no tengo control sobre ello? Entonces recuerdo estas palabras: “Este es el día que el Señor ha hecho” (Salmo 118:24).
El Señor ha hecho todos los días, y mi Padre va a demostrar hoy su fuerza a mi favor. Él tiene control sobre todas las cosas en él, hasta las cosas difíciles que me van a pasar. Todos los acontecimientos han pasado por su sabiduría y amor, y son oportunidades que yo tengo de crecer en la fe. “Para siempre es su misericordia” (v.1). “El Señor está a mi favor; no temeré” (v.6).
Ahora, cuando la gente me despide deseándome muy buen día, contesto: “Yo no tengo control sobre eso, pero doy gracias por lo que sea que suceda, y me regocijo. . . pues este es el día que el Señor ha hecho.” –DHR
Tomado de Nuestro Pan Diario 2005
Salmo 118:24.
Este es el día que el Señor ha hecho; regocijémonos y alegrémonos en él. –

