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TANTO PARA APRENDER

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• Aprendí que la mayoría de las cosas por las que me preocupo nunca suceden.
• Aprendí que cada logro alguna vez fue considerado imposible.
• Aprendí que nada de valor se obtiene sin esfuerzo.
• Aprendí que la expectativa es con frecuencia mejor que el suceso en sí.
• Aprendí que aun cuando tengo molestias, no necesito ser una molestia.
• Aprendí que nunca hay que dormirse sin resolver una discusión pendiente.
• Aprendí que no debemos mirar atrás, excepto para aprender.
• Aprendí que cuando alguien aclara que se trata de principios y no de dinero, por lo general se trata de dinero.

El papel en la boca

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Cuenta una antigua leyenda que en la Edad Media un hombre honorable fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer.
En realidad, el verdadero asesino era una persona muy influyente del reino y por eso, desde el primer momento, se procuró buscar un chivo expiatorio para encubrir al culpable, así que el hombre honesto e inocente fue llevado a juicio, conociendo de antemano que tendría escasas o nulas oportunidades de escapar al terrible veredicto: ¡la horca!.

El juez cuidó, no obstante, de dar al juicio todo el aspecto de justicia, y por ello le dijo al acusado:

Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor vamos a dejar en manos de Él tu destino. Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable o inocente. Tú escogerás una y será la mano de Dios la que decida tu destino.

Por supuesto, los manejos corruptos habían escrito en los dos papeles la palabra 'CULPABLE', y la pobre víctima, aún sin conocer los detalles, se daba
cuenta de que el sistema propuesto era una trampa.
No había escapatoria.

El juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados. El hombre respiró profundamente, quedó en silencio por unos segundos, con los ojos
cerrados y, cuando la sala comenzaba a impacientarse, abrió los ojos y con una extraña sonrisa hizo su elección: tomó uno de los papeles y,
llevándolo a su boca, ¡se lo tragó rápidamente!.

Sorprendidos e indignados, los presentes protestaron airadamente:

-¿Pero qué hizo? Y ahora, ¿cómo vamos a saber el veredicto?"

Es muy sencillo -respondió el hombre-. Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos lo que decía el que yo elegí.

Con rezongos y enojo mal disimulado debieron liberar al acusado y jamás volvieron a molestarlo.

Cuando todo parezca perdido, usa la imaginación.


"En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento".
Albert Einstein

Evalúe las habilidades de sus hijos

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En Proverbios 14:35, la Biblia declara: “El rey favorece al siervo inteligente, pero descarga su ira sobre el sinvergüenza”. Asimismo Proverbios 10:1, dice: “El hijo sabio es la alegría de su padre, el hijo necio es el pesar de su madre”.

¿Cómo puede ayudar a sus hijos para que sean sabios e inteligentes? Hay varias formas bíblicas de hacerlo, la primera: un hijo sabio sigue al Señor. Usted y yo debemos recordar que estamos aquí para dirigir a nuestros hijos e hijas en el camino del Señor. Debemos mantenerlos dentro de los caminos de Dios, ese debe ser nuestro propósito, y así nuestros hijos serán sabios y no necios. Si usted está tratando de guiarlo en su vocación o en una carrera que alimenta el ego de su hijo o el suyo, entonces, está apartándolo del camino de Dios.

¿Qué capacidad tiene su hijo o su hija? ¿Cuáles son las habilidades que Dios le ha dado? ¿Se ha dado cuenta si su hijo tiene capacidad para ser abogado, doctor o piloto? ¿Está tratando de empujarlo dentro de algunos de esos campos? Identifique las habilidades y el temperamento que Dios les ha dado a sus hijos.

Le recomiendo que lea un libro del Dr. Tim LaHaye “Temperamentos controlados”, es excelente. Si su hijo es artista nato, en verdad, no querrá empujarlo a la ingeniería electrónica. Si su hijo tiene una personalidad extrovertida, cálida, amable, tal vez sea uno de los mejores mercadólogos o vendedores de su país. Si es muy tímido y reservado, no le gusta estar con la gente y usted está en el negocio de las ventas y trata de involucrarlo en el negocio, de esa manera va a frustrarlo, probablemente lo va a sacar de la habilidad que Dios le ha dado.

Es mejor ser feliz, que poseer mucho dinero pero ser frustrado y amargado. El éxito no es sinónimo de felicidad. Actualmente una persona de éxito es alguien con buena educación, buena posición y que gana bastante dinero, ¿Usted cree que esa es una buena definición bíblica del éxito? Bíblicamente, la persona de éxito es quien pone a Dios en primer lugar, tiene paz en su vida y está cumpliendo como corresponde con la carrera que el Señor ha dispuesto, particularmente, para su vida. Si eso significa manejar un autobús o trabajar en un taller mecánico y, si es lo que Dios desea para su hijo o hija, está perfectamente bien. Hágase algunas preguntas honestas acerca de sus hijos y hágaselas a ellos: ¿Necesitan ir a la universidad? ¿Estarían contentos si sus hijos decidieran no ir a estudiar?

Tengo un amigo que tiene dos hijos, los dos muy inteligentes. Uno quería ir a la universidad, el otro no lo quería hacer. Uno le dijo al padre que quería ser maestro o profesor; el otro le dijo que no deseaba ir a la universidad, quería estar cerca de los animales, criar animales, pollos o caballos. Usted necesita escuchar a sus hijos. Si tiene un hijo que quiere ir al campo y ser campesino, entonces, no es necesario que vaya a la universidad.

Determine cuál es el interés académico de sus hijos, qué tan bien les va en las matemáticas, la literatura, la biología, el arte, la música y las cosas que tienen que ver con el círculo académico, luego determine su interés vocacional. Ayúdeles a tomar un test vocacional y ver cómo les iría en el área de las ventas o la mecánica, la carpintería o la construcción. Vea a sus hijos de forma realista, ayúdelos a evaluar sus habilidades y a cumplir con el plan de Dios para sus vidas.

Por: Dr. Andrés Panasiuk

 

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